Juan rezaba por un momento bisagra.
Una tarde, cansado de resolver crucigramas en la cama miro su canguro de peluche y dijo en voz alta: “me canse viejo”. Pero en esa frase se resumía un cambio dramático de actitud hacia con el mundo. El agua en la pava comenzó a hervir pero ya no importaban las banalidades exocéntricas.
Y no importaban por muchas razones, pero fundamentalmente, porque había dicho lo que había dicho con la misma elocuencia que el Che Guevara alguna vez también dijo “me canse viejo” para luego comenzar a hacer cosas diversas hasta lograr, décadas más tarde, que uno de cada cuatro adolescentes quiera tener una remera con su cara.
Juan se puso los jeans de siempre y salió a la calle (*).
Antes de tomarse el 166 hasta Liniers y de ir directo a la terminal; y por esas casualidades que la vida deposita amorosamente en nuestro camino, se encontró con su EX tomada del brazo de un EX militante del FREPASO.
La EX calle Sandocan le sonrió de esa manera tan extraña que El recordaba en otras inolvidables sonrisas de calles olvidadas.
“Muchos EX’s no?” le dijo el ex militante del FREPASO a Juan en el oído.
La revolución siempre puede esperar un siglo más, y Juan se fue a la cama.
(*) Tuvo que regresar y apagar la hornalla